¿Qué es la Globalización?

 |
|
|
| Uniéndonos:
Globalización significa reconectar la comunidad humana.
Nayan Chanda
Yale Global, 19. November 2002
|
El crecimiento exponencial del intercambio de mercancías, ideas, instituciones
y personas que vemos hoy en día es parte de una tendencia histórica duradera.
A lo largo de nuestra historia, el deseo de algo mejor y más grande nos ha motivado
a extender nuestras mercancías y nuestras ideas a todo el mundo.
Desde que el término apareció en 1962, "globalización" ha cambiado
de jerga a cliché. El Economista la ha llamado "la palabra más abusada
del siglo veintiuno." De hecho, no hay ninguna otra palabra que signifique
tantas cosas diferentes y que haya evocado tanta emoción. Algunas personas lo
consideran como nirvana – un estado de paz universal y de prosperidad – mientras
que otras la condenan como una nueva forma de caos.
Si la palabra se define y se aplica correctamente, la globalización puede tener
utilidad. Se le entiende mejor como un leitmotiv de la historia humana. Es una
tendencia que se ha intensificado en las últimas décadas mostrando sus beneficios,
así como su poder destructivo. Tal y como el clima ha influido sobre el medio
ambiente a través de los milenios, la interacción entre culturas y sociedades
en los milenios pasados ha resultado en más integración de la comunidad global.
Globalización, definido por el diccionario Webster como un proceso que convierte
varias actividades y aspiraciones en cosas "globales en alcance o aplicación"
– ha estado ocurriendo por mucho tiempo. Miles de años antes de que la raíz
de esta palabra – globo – se usara, nuestros antepasados ya se habían esparcido
por todo el mundo. De hecho, el proceso de la migración humana a todos los continentes
(excepto a la Antártica) fue un tipo de proto-globalización. Hace unos 50.000
años, los Homo sapiens premodernos se dispersaron por el mundo y algunos llegaron
hasta las Américas. Cuando el nivel del mar subió a consecuencia del fin de
la última era de hielo, América y Eurasia quedaron separadas y crearon dos mundos
que no volvieron a conectarse hasta que Cristóbal Colón llegó a una isla del
Caribe en 1492. Ese mismo año el geógrafo Martín Behaim construyó el primer
mapamundi como una representación de la Tierra.
La reconexión fue llamada el 'intercambio colombino,' y se celebra como punto
decisivo en la historia de la globalización. El descubrimiento del Nuevo Mundo
ocasionó el reencuentro de grupos de personas que estuvieron separadas por 10.000
años. No menos importante ha sido el intercambio de plantas y animales. Éstos
son solamente unos ejemplos: un tubérculo Peruano, la patata, es un alimento
básico en el mundo; el chile mexicano es muy popular en Asia, y un producto
etíope, el café, encontró ahogares nuevos en Brasil y Vietnam. En el ínterim,
las sociedades no solamente han evolucionado en maneras diferentes y desarrollado
estructuras económicas y políticas diferentes, sino también han inventado tecnologías
diferentes, cultivado nuevas cosechas, y, lo más importante, han desarrollado
idiomas y maneras de pensar diferentes. Reconectar civilizaciones con tanta
diversidad va a ser muy difícil pero muy gratificante.
Históricamente, hubo cuatro razones que llevaron a la gente a dejar el santuario
de sus familias y de sus pueblos oriundos: la conquista (el deseo de garantizar
seguridad y extender el poder político), la prosperidad (la búsqueda de una
vida mejor), la conversión (la difusión de creencias acerca de dioses locales
para convertir a otros a esa misma fe) y una fuerza aún más poderosa aunque
banal – la curiosidad de ver y conocer que parece ser básica de la naturaleza
humana. Por eso, los principales agentes de la globalización fueron soldados
y marineros, comerciantes, predicadores y aventureros. Señales de comercio desde
el alba de la civilización se pueden ver todavía en las antiguas conchas de
mar recogidas en el interior de África. Hace miles de años, los comerciantes
empezaron a llevar mercancías de una parte del mundo a otra, cruzando mares
y océanos. Los misioneros cruzaron desiertos, escalaron montañas y navegaron
océanos. La difusión del budismo de la India a Indonesia llevó a la creación
del templo Borobudur, que es uno de los primeros monumentos de la globalización.
Desde los viajes del monje budista Faxian a India en el siglo cuatro a los del
explorador árabe Ibn Batuta a Europa, Asia, y Africa mil años más tarde, los
aventureros han seguido encontrando nuevas fronteras y estableciendo conexiones
con sociedades, culturas y economías aisladas. A pesar de que los viajes fueron
lentos y peligrosos, líderes ambiciosos y codiciosos – como Alejandro Magno
y Genghis Khan – exploraron y conquistaron lugares lejanos y nuevos. Conquistar
significaba una globalización en ambas direcciones, ya que no pocas veces los
líderes fueron influenciados por los sujetos, tanto como los sujetos fueron
influenciados por los líderes.
El reparto de personajes, cuyo ímpetu y cuya determinación han establecido
vínculos de dominación y cooperación, ha cambiado con el tiempo. Pequeñas bandas
de comerciantes, cargando sus productos a la espalda o en barcos, han sido reemplazadas
por empresas gigantes, empezando por la Compañía Holandesa y la de la India
Oriental inglesa en el siglo XVII. Los peregrinos y sacerdotes solitarios del
principio fueron reemplazados por grandes instituciones religiosas para difundir
sus creencias, sus lenguajes, literaturas y arquitectura. Los pocos aventureros
y viajantes intrépidos que unieron sociedades distantes en siglos pasados, dejaron
su lugar a miles—hasta millones—de refugiados e inmigrantes que huyeron a otros
países, así como a cientos de millones de turistas que viajan constantemente
por el mundo. Todas estas idas y venidas de gente profundizan y ensanchan las
conexiones entre partes distantes del mundo y facilitan la transmisión de mercancías,
ideas y culturas.
La historia comercial de los últimos quinientos años está marcada por otras
tendencias y transacciones que fortalecieron los lazos de la interconexión.
Las plantas que fueron extirpadas en la jungla del Brasil y transplantadas a
Malasia por los colonizadores ingleses en los primeros años del siglo veinte
proveyeron la materia prima para las ruedas del modelo T de Henry Ford; los
indios y malayos contratados para trabajar en las fincas de hule cambiaron la
composición étnica de Malasia para siempre. La introducción de nuevos cultivos
del Nuevo Mundo, como el maíz y la patata, tuvo un impacto dramático en la demografía.
Por ejemplo, la población de la China, limitada por la escasez de campos irrigables
de arroz, aumentó con la llegada de los nuevos cultivos que se podían sembrar
en tierras marginales. De igual modo, la población de Chechenia ha crecido a
un ritmo estable desde que el maíz del Nuevo Mundo fue introducido.
Desde el Imperio Romano, hasta la Pax Britannica desde hace dos siglos, hasta
la Pax Americana de hoy, el poder del super estado ha sido una fuerza que ha
cambiado el carácter de la interdependencia. En la emergente cadena de oferta
que ahora suministra la producción del consumidor, las corporaciones multinacionales
de Norteamérica y Europa han adquirido un papel principal.
El círculo de libre comercio ha fomentado el crecimiento económico y creado
una clase media sólida que, a la vez, ha incrementado el consumo de productos
extranjeros y el turismo internacional. Lo más impactante ha sido los países
más populosos, La India y la China, donde el aumento de consumo e ingresos ha
generado más libertad personal y más demanda por gobiernos responsables.
A pesar de que una gran parte de la población mundial todavía es pobre, las
ideas de la democracia, de los derechos humanos y de la libertad de la prensa
se han propagado. El porcentaje de países que tienen elecciones donde compiten
varios partidos políticos y que escogen su propio gobierno ha incrementado desde
el 30% en 1974, hasta más del 60% en los 192 países del mundo.
La fuerza más poderosa para transmitir ideas acerca de la democracia y los
derechos humanos a través de las fronteras es la revolución de la informática
de la segunda mitad del siglo XX. El teléfono, la televisión y el internet han
sido herramientas fundamentales. A finales del siglo XIX, le tomó a la reina
Victoria dieciséis horas y media para mandar un saludo hasta el otro lado del
Atlántico, al presidente estadounidense James Buchanan. Hoy en día, una gran
cantidad de información en múltiples formatos—texto, audio, y video—es transmitida
a la velocidad de la luz. Además, una llamada de tres minutos de Nueva York
a Londres cuesta menos de diez centavos, en vez de los $300 que costaba en 1930.
La drástica reducción de precio de la red de telecomunicaciones ha permitido
que la explosión de la información sea accesible a casi toda la humanidad.
Mientras tanto, las innovaciones como la televisión satélite han conectado
las emociones de muchas personas, cruzando fronteras y océanos: la noticia de
la muerte de la Princesa Diana ocasionó que se mandarán coronas de flores de
todas partes del mundo. El libre movimiento de información también está ayudando
a que se reduzca la división política: el 11 de septiembre provocó que jóvenes
iranís hicieran una vigilia. Pero, a la vez, ha demarcado más profundamente
las líneas ideológicas. La violencia entre los palestinos e israelíes televisada
en el canal Al-Jazeera ha llevado a que los árabes e israelíes se distanciasen
aun más.
El precio decreciente de la comunicación y el transporte ha estimulado el crecimiento
económico, asimismo como los servicios de salud han mejorado la calidad de vida.
La gente en todas partes del mundo disfruta de largas y mejores vidas, mientras
que el número de personas viviendo en la pobreza ha disminuido en casi todas
las regiones (aunque ha aumentado en África y en el sur de Asia.)
Aun así, el rápido crecimiento tiene su precio. La reducción de la pobreza
mundial tiene consecuencias negativas en el medio ambiente. Cerca de un uno
por ciento de la selva tropical del mundo desaparece cada año, gracias a la
expansión de la agricultura y el comercio de productos forestales. La red de
la comunicación global que hace que el crecimiento sea posible, también hace
que el mundo sea más vulnerable a todo, desde las enfermedades y el desorden
hasta el terror. El VIH se desarrolló en los humanos en África y América del
Sur, pero se ha esparcido a todo el mundo, infectando a casi 14,000 personas
cada día. En 1997, el virus de computadora "I love you," creado en
Manila, se propagó en tan solo cinco horas y causó daños valuados en $700. Los
piratas aéreos del 11 de septiembre utilizaron transferencias electrónicas de
dinero para financiar su operación. También dependieron de la red electrónica
para coordinar sus movimientos y comprar sus boletos aéreos. Desde los ataques,
el medio favorito de comunicación de Osama bin Laden con el resto del mundo,
desde su escondijo, ha sido la televisión satélite.
Esta mezcla entre el bien y el mal no es nada nuevo. En la historia, la introducción
de la tecnología innovadora ha traído mucho desorden y ha creado ganadores y
perdedores. Cuando el Viejo Mundo y el Nuevo Mundo se conectaron a través de
colonizadores y exploradores, enfermedades como la varicela y la gripe causaron
un "holocausto demográfico" que arrebató la vida a tres de cada cuatro
indígenas. La colonización de las Américas y grandes partes de Asia, África
y el Medio Oriente destruyó las tradiciones sociales y el poder político mientras
aceleraba la integración económica. La necesidad de mano de obra para trabajar
las tierras y las minas de oro y plata resultó en el transladode diez millones
de esclavos africanos. Por otra parte, las economías de Europa y Asia florecieron
gracias al intercambio de metales preciosos y nuevas mercancías.
Ningún otro país ha tenido un papel tan importante en reconectar al mundo como
los EEUU, en sí un producto de la globalización moderna. La gran mayoría de
los 60 millones de personas que dejaron su país natal durante el período de
globalización más intensa, al final del siglo XIX, se fue a los Estados Unidos.
Los que construyeron la nación más rica del mundo fueron los inmigrantes y los
esclavos. Ellos utilizaron todos los recursos mundiales—empezando por el molino
de agua y la máquina de vapor de Inglaterra—y emergieron como un líder innovador,
así como la locomotora económica más potente de la globalización. Con la victoria
americana en la Segunda Guerra Mundial y el Plan Marshall, el poder económico
y político de los EEUU se extendió a todas las partes del mundo, culminando
al final de la Guerra Fría. La caída del muro de Berlín simboliza el final de
la división ideológica global y una propulsión a la globalización en sí. No
viene de sorpresa que muchos en el mundo vean—y resientan—la globalización,
como un eufemismo para la "americanización."
Gracias a la amplia difusión de información de hoy en día, los pobres están
cada vez más conscientes de las diferencias existentes entre ellos y el occidente
próspero y las existentes entre ellos y las elites locales. Este conocimiento
puede ser una fuente de resentimiento y protesta, como fueron las demostraciones
anti-americanas ocurridas desde Venezuela a las Filipinas. Los mensajes políticos
y culturales, abiertos o subliminales, que se encuentran en los productos, ideas,
y entretenimiento del mundo desarrollado han incrementado el sentimiento de
perturbación en muchas sociedades tradicionales. Ya que muchos países subdesarrollados
tienen problemas internos, donde reina la miseria y el desorden, a muchas personas
les atraen las luces del occidente donde pueden encontrar un futuro más prospero.
A muchas personas del mundo desarrollado les preocupa la gran ola de inmigrantes
que llegan por montones a sus playas. La reconexión del mundo a través de productos
e ideas ha producido variadas reacciones – desde admiración hasta resistencia
nacionalista y religiosa. Mientras que estudiantes en Irán anhelan por un estilo
de vida estadounidense, muchos en el oeste se oponen a la globalización en base
a que es un símbolo del lado oscuro del capitalismo y el mercado libre. Muchas
personas de todo mundo también consideran la globalización como un hecho guiado
por el occidente para la destrucción del Islam.
¿Qué significa todo esto para la globalización? ¿Será que la globalización
es forzada a retroceder a causa de la desilusión que incrementa cada vez más
y de los peligros acechantes, como los terroristas que se aprovechan de las
fronteras abiertas y transacciones económicas de fácil acceso? Hay, por supuesto,
un precedente de esta pérdida de esperanza en la globalización. Durante el periodo
entre las dos guerras mundiales, el mercado libre y el movimiento libre de gente
disminuyeron considerablemente, dado que las tarifas aumentaron y las puertas
fronterizas se cerraron para los inmigrantes. Sin embargo, esas restricciones
no redujeron las mismas cuatro motivaciones principales - conquista, busca de
prosperidad, proselitismo y curiosidad – que han empujado hacia la globalización.
La victoria de las Fuerzas Aliadas contra los Nazis y el Japón, en efecto, abrió
de nuevo las puertas de la globalización, dándole un empujón adicional al viaje
y al comercio.
Para estar seguros, muchas cosas podrían obstaculizar la integración internacional,
como el movimiento anti-inmigratorio que está aumentando en Europa, la preocupación
acerca de los subsidios a los agricultores y los derechos de "propiedad
intelectual" en el oeste, asi como la seguridad elevada en cuanto a visados
para los EEUU, después del 11 de septiembre. Sin embargo, sería difícil modificar
la tendencia secular de las personas de conectarse cada vez más con el mundo.
La búsqueda de la prosperidad todavía causando la expansion de las empresas
al extranjero y que los consumidores compren lo mejor a un buen precio, sin
importarles el país de origen. La misma curiosidad que motivó a Ibn Batuta a
dejar su casa, hace que millones de gente viajen, vean películas extranjeras,
prueben diferentes platos y gocen de música y eventos deportivos a nivel internacional.
La mayor diferencia entre la globalización del ayer y la de hoy, es su velocidad
y su visibilidad. La interacción global ha sido acelerada de tal manera que
su efecto ha llegado muy lejos y el desarrollo global de las comunicaciones
se ha hecho visible de inmediato– algo que antes pasaba con mucha lentitud y
casi sin ser notado. Con sus puntos fuertes asimismo como con sus puntos débiles,
el proceso histórico de reconectar a la comunidad humana ya está infundido por
todo el mundo y continúa haciéndose cada vez más visible y más desafiante. Nuestro
deber – seamos ciudadanos, estudiantes, o trabajadores públicos – es entender
y manejar la globalización, haciendo nuestro mejor esfuerzo para apoyar sus
aspectos positivos y repeler los negativos.
Nayan Chanda es editor de YaleGlobal Online. Su ensayo no refleja las opiniónes
del Centro para el Estudio de la Globalización.
Traducido por Adam Robinson y Mario Penados.
© Registra 2003 Yale Center for the Study of Globalization
|